sábado, 9 de junio de 2012

Sobre ética, deliberación y democracia

Silvia Rivera Cusicanqui es profesora universitaria especialista en historia oral andina y una gran referente teórica cultura de la perspectiva poscolonial en América Latina. En estos breves fragmentos (aquí pueden descargar el artículo completo) nos aporta puntos claves para reflexionar sobre nuestra participación en la democracia, en estos tiempos en que tanto esto se anuncia, pero poco se asume de verdad.

En sociedades como la nuestra, en las que hombres y mujeres ven peligrosamente acotado el ámbito de sus decisiones por múltiples mediaciones y por dudosos mecanismos de representación, el potencial de la ética se desvanece si se presenta tan sólo como una fuerza normativa que viene a ocupar los espacios que otros discursos legitimadores han dejado vacantes, la religión o las ideologías, entre ellos. Porque el sujeto de la ética no es un dios omnisciente, ni un sujeto trascendental cuyo atributo distintivo es la razón universal. Tampoco, el indefinido miembro de una supuesta comunidad trascendental de comunicación. El sujeto de la ética es histórico y plural. Somos nosotros, las mujeres y los hombres que, de un modo u otro, nos encontramos sujetados a las prácticas sociales del dispositivo histórico en el que nos toca vivir. Hombres y mujeres que nos vemos implicados en la vida política, económica, profesional o cotidiana y que conformamos nuestras subjetividades en el marco de las reglas establecidas por las instituciones en las que se desarrolla nuestro hacer. Precisamente, es en ese marco que debemos encontrar o crear los espacios que nos permitan ampliar nuestra capacidad de acción comunitaria.

La pregunta acerca de aquello que otorga significado moral a una acción ha encontrado diferentes respuestas a lo largo de la historia. En la línea de esta recuperación de la relación entre ética, deliberación y democracia, me interesa acercar aquí la respuesta que da Victoria Camps a esta pregunta: “El significado ético de una acción viene dado no por la decisión final, sino por la argumentación que pesa los pros y los contras y justifica la elección hecha”. Es evidente que, con estas palabras, la autora se aleja de la deontología clásica, pero también del utilitarismo. Porque no es ya la decisión –tomada de acuerdo con el reconocimiento del deber o de una ponderación de utilidades- el lugar de la ética, sino el proceso deliberativo que examina ventajas, desventajas, considera cursos de acción alternativos y justifica luego la elección realizada remitiéndola a principios, convicciones, consecuencias.

Una ética que prioriza de este modo la deliberación puede parecer una ética sin respuestas. Pero, en todo caso, cabe aclarar, sin respuestas absolutas. Es decir, que se trata de una ética capaz de hacerse cargo del carácter contingente y provisorio de todas las respuestas, y capaz, también, de asumir la necesidad de revisarlas constantemente a través de une examen abierto que incorpore nuevas razones y experiencias. Pienso, sin embargo, que lo que hace a esta posición más interesante todavía es que la prioridad que otorga a los medios sobre los fines -al enfatizar el proceso deliberativo por sobre la decisión alcanzada- no le impide de ningún modo, señalar la miseria del procedimentalismo que, al refugiarse en una serie de mecanismos formales, vacía a la ética de contenido al tiempo que nos acerca una imagen devaluada de democracia que se limita a garantizar libertades formales, pero sin promover su realización efectiva, porque tampoco promueve los valores solidarios que conforman su contenido.

No se trata, pues, de establecer formas tipo de argumentación, o reglamentarlas de acuerdo con procedimientos mecánicos, sino de abrir el juego de una deliberación creativa de valores, fines, objetivos capaces de dar contenido y materialidad a las prácticas democráticas. Pero una pregunta inquietante se insinúa en este punto y es necesario enfrentarla: ¿es posible la participación efectiva?

Porque el reconocimiento de los límites del procedimentalismo no alcanza para superarlo. La conciencia de la necesidad de investir de contenidos valorativos al sistema democrático choca contra imposibilidades concretas. En tanto los objetivos valiosos deben ser el resultado de una producción colectiva, deberíamos fijarlos entre todos a partir de la deliberación y el diálogo. Pero de ningún modo queda claro cómo puede ser esto posible si debido a la dimensión y complejidad de las democracias occidentales la participación cede cada día su lugar a la representación, que aleja a los hombres y a las mujeres de la posibilidad de intervenir en el proceso colectivo de toma de decisiones. Los sentimientos que acompañan a este proceso pueden resumirse en dos palabras: impotencia e incompetencia. Impotencia para lograr el respeto del derecho a la libre participación en asuntos que nos competen directamente porque determinan las condiciones en las que se va a desarrollar nuestra vida, al establecer los alcances y límites de la salud, la procreación, la muerte. Incompetencia para deliberar en torno de cuestiones que se tornan cada vez más técnicas y especializadas.

viernes, 1 de junio de 2012

«No olés a viejo, Europa»

El exilio de Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) en Roma puede leerse también como un espacio de reflexión crítica: se desarraiga de su tierra para vivirla desde la distancia al mismo tiempo que se acerca a lo ajeno para pensarlo desde adentro. 

XXV

Europa fue la cuna del capitalismo y al niño ése, en la cuna, lo alimentaron con oro y plata del Perú, de México, Bolivia. Millones de americanos tuvieron que morir para engordar al niño, que creció vigoroso, desarrolló lenguas, artes, ciencias, modos de amar y de vivir, más dimensiones de lo humano.
 
¿Quién dijo que la cultura no tiene olor?
 
Paso por Roma, por París, bellísimas. En vía del Corso y Bulmish huelo de pronto a taíno devorado por perros andaluces, a orejas de ona mutilado, a azteca deshaciéndose en el lago de Tenochtitlán, a inquita roto en Potosí. A querandí, araucano, congo, carabalí, esclavizados, masacrados.
 
No olés a viejo, Europa.
 
Olés a doble humanidad, la que asesina, la que es asesinada.

Pasaron siglos y la belleza de los vencidos pudre tu frente todavía. 
 
14-09-1980
Aquí puedes descargar algunas páginas de Bajo la lluvia ajena (Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2009), el libro que recoge éste y otros textos que Juan Gelman escribió durante su exilio en Roma. La publicación donde aparecieron originalmente fue Exilio (Buenos Aires: Legasa, 1984), un proyecto conjunto de Gelman con Osvaldo Bayer, periodista y escritor argentino.

lunes, 30 de abril de 2012

Circunstancial

Después de la enésima biografía de un fracaso amoroso, uno tiene que voltear a otros lados, hacia otras formas de hacer amor o al menos hacia otras formas de discurrir sobre el amor. Porque el amor es un discurso: ¡una utopía! En estos días, pese a nuestros alardes de posmodernidad, este discurso sigue vivo en formas sinceramente aburridas. ¡XIX, sálvanos! Porque el amor en el siglo XIX no sólo es suicidio, ensoñación, adulterio, muerte o sensualidad: ¡es libertad! Mejor aún: ¡es libertario! Es plena expresión de la utopía anarquista en América Latina a través de la voluptuosa experiencia de Roberto de las Carreras, un dandy viajero y amador que fue y volvió de París para poner en práctica en Uruguay todo lo aprendido y desaprendido sobre el arte de amar. De las Carreras se construyo a sí mismo como un personaje: hizo de sus creencias sobre el amor libre una verdadera utopía de la libertad para América Latina.
¡La Anarquía sin amor libre no es Anarquía! Hay que pensar en el Amor con más fuerza que en la cuestión económica.
Nuestro anarquista coloca al amor libre como el camino para la liberación y civilización de la humanidad. ¡Muera el matrimonio, la fidelidad y la monogamia! Estas vanas promesas no son más que restos de lo más primitivo en nosotros, de nuestros más cavernarios instintos.
Pero, ¿qué pasó con el escándalo de los conquistadores en América ante la poligamia de algunos grupos indígenas y sus prácticas exóticas y calientes de interacción? Así es la historia: el discurso cambió: ¡libertad de nuestros cuerpos! Aquello que se consideró síntoma de civilización (el matrimonio, la unidad social que es la familia, la fidelidad, la prositución controlada), en pleno siglo XIX resultó ser todo lo contrario.


De las Carreras nos deshace un mito…
La Literatura se unió a la Religión en la obra de idealizar el Sofisma, las cualidades, negativas impuestas a la víctima del hombre, como su laurel irremplazable, como la excelencia de su sexo. Dante y Petrarca representaron con sus amadas incorpóreas la mujer sin sensualidad, el mito de la mujer pura, esa abstracción del espíritu cristiano.
Pero deshacer un mito casi siempre es construir otro. Nuestro anarquista, paradójicamente, no construyó el mito de la mujer sensual y libre, pues ésta existe por sí misma, sino el del hombre capaz de aceptarla. De las Carreras pone sus creencias en modo dialógico mediante su interlocutora, su amante favorita y aquella que lo desafía poniendo en práctica todo lo que él predica sobre liberación de la mujer:

Confiésame, Roberto. Tú me habrías perdonado que yo me hubiera prostituido, pero tu orgullo no me perdonará nunca una elección…

¿Estaba Roberto de las Carreras listo para llevar a cabo la utopía libertaria que nos promete en sus interviews
¿…Y nosotros?

domingo, 1 de enero de 2012

Sobre violencia y economía

Quiero compartirles la traducción que hice de un artículo periodístico que leí hace tiempo por recomendación de un amigo. En mis reflexiones sobre la situación de nuestro país ha sido fundamental, pues da pie para pensar la violencia visible a partir de las estructuras "invisibles" que la sostienen. Pido disculpas anticipadas por los errores de traducción que contenga. Por supuesto está abierta a modificaciones.


Ciudad Juárez es nuestro futuro: es la inevitable guerra del capitalismo vuelto loco
Actualmente, los cárteles de droga en México son pioneros de la economía global en cuanto a su lógica de negocios y su modo de operar.

Por: Ed Vulliamy

La guerra, tal como yo la entendía, era una pelea entre personas con causas que podían ser tanto dementes como honorables: como, por ejemplo, entre los ocupantes estadounidenses y británicos de Iraq y los insurgentes que se les oponían. Luego me topé con la guerra de las drogas de México –la cual ha costado cerca de 40000 vidas, la mayoría de civiles– y todas las reglas cambiaron. Esta es una guerra del siglo XXI, y también otra cosa.

La guerra de México no se puede separar de la vida cotidiana.

«Ciudad Juárez es también un modelo
de la economía capitalista».
En Ciudad Juárez, la ciudad más peligrosa del mundo, los tianguis y los centros comerciales permanecen abiertos; Sarah Brightman recientemente dio un concierto. Cuando yo estuve por allá el mes pasado, la gente había reaparecido a la vida nocturna; esto debido a la imprudencia y al cansancio de años de toque de queda autoimpuesto. Antes había una misteriosa calma en la noche; ahora hay un espeluznante ambiente de normalidad –apuntado por pistola.

Aparentemente los capos del narco tienen una causa: el control de las rutas de contrabando dentro de Estados Unidos. Pero, incluso si ésta fuera la explicación total, el que las drogas sean la causa coloca sin duda a la guerra de México dentro de un pos-ideológico, pos-moral y pos-político mundo nuevo. Las únicas y verdaderas causas son las ganancias por los químicos que “elevan” a América y Europa.

Es interesante que, en una sociedad altamente politizada, no hay un movimiento masivo en contra de los carteles a la manera de “la ley y el orden” de la derecha o “de Mussolini”, ni ninguna izquierda o unión de oposición. El movimiento de base en contra de los guerreros de los carteles pos-políticos, el Movimiento Nacional por la Paz, es lidereado por el poeta Javier Sicilia, quien organizó una marcha de una semana de duración después del asesinato de su hijo en primavera. Esta lucha de un hombre es apoyada por mujeres en los centros de trabajo, en los barrios y en los hogares.

La guerra de las drogas no es solamente entre los carteles del narco.
«Ciudad Juárez se ha convertido
en un estado de anarquía criminal».
Ciudad Juárez se ha convertido en un estado de anarquía criminal –los cárteles, actuando como cualquier corporación, han extendido la violencia a bandas afilidas o no afiliadas con ellos, las cuales compiten por ofertas con los policías corruptosEl ejército juego su propio beligerante papel. “La guerra del cartel” no explica totalmente la historia. Una periodista de Ciudad Juárez, Sandra Rodríguez, me dijo durante una cena el mes pasado: dos niños mataron a sus padres porque, le contaron, “podían”. La cultura de impunidad, me dijo, “va desde niños como esos hasta la cúspide –la ciudad entera es una empresa criminal".

No es coincidencia que Ciudad Juárez sea también un modelo de la economía capitalista. Los reclutas para la guerra de las drogas vienen de la inmensa maquiladora –industrias donde, por salarios ínfimos, los trabajadores hacen los bienes que llenan los estantes de los supermercados estadounidenses o que se convierten en sus autos, importados libres de impuestos. Ahora las corporaciones pueden hacerlo más barato en Asia, casualmente despojando a sus trabajadores mexicanos. De manera que Ciudad Juárez se ha convertido en una rebosante alberca de reclutas para los cárteles y asesinos. Es una ciudad que sigue la religión y la filosofía del libre mercado.

“Es una ciudad basada en mercados y basura” dice Julián Cardona, un fotógrafo quien ha hecho crónica sobre la implosión de violencia. “El asesinato y la adicción a las drogas son actividades económicas, y esta economía está basada en lo que sucede cuando tratas a la gente como basura”. Muy propio, desde luego, de una guerra del siglo XXI. Cardona me contó sobre las muchas veces que le habían pedido su punto de vista sobre la marcha por la paz de Javier Sicilia: “Yo contesté: ‘¿Cómo puedes marchar en contra del mercado?’”.

La guerra de México no sólo pertenece al mundo pos-político y pos-moral, pertenece también al mundo del hiper-materialismo beligerante, en el cual la única ideología que hay –la cual los líderes de la política “legítima”, de los negocios y de la banca predican– es la codicia. Un hombre muy valiente llamado Mario Trevino, quien vive en la ciudad de Reynosa, la cual está bajo el control del cartel del Golfo, nos cuenta acerca de los asesinos y los cárteles: “Son personas repugnantes que hacen lo que hacen porque no pueden ser vistos usando la misma marca de playeras que usaron el año pasado, deben usar otra más cara”. Yo le repliqué que no podía ser así de banal, pero él me rogó no subestimar estas consideraciones. Lo que realmente hace de la guerra de México una guerra diferente, y muy propia de nuestro tiempo, es que todo se trata, al final de cuentas, de nada.

Ciertamente también pertenece a la cacofonía de la era de la comunicación digital. Los asesinos publican con deleite sus atrocidades en YouTube, dominando a un vasto público espectador que se mantiene ocupado en selvas de “sitios-calientes” en internet y de la “narco–blogosfera”. Los periodistas no pueden creer que mientras incluso personas como Osama Bin Laden hablan con los medios –pues sienten que tienen un mensaje que transmitir– los cárteles del narco no tienen ningún interés en hablar. Ellos controlan el mensaje, ellos son democráticos a la manera posmoderna.

La gente pregunta con frecuencia: ¿por qué el salvajismo de la guerra de México? Sin embargo, este adjetivo es infame para tan ingeniosas perversiones como coser la cara de una víctima a una pelota de futbol o colgar de los tobillos cuerpos decapitados en los puentes; y tampoco alcanza para definir sus modos de tortura innovadora, como sumergir a personas en tambos de ácido de manera que sus miembros se evaporen mientras unos doctores mantienen consciente a la víctima.

Tentativamente, pienso que hay una correlación entre la falta de causas de la guerra de México y el salvajismo. La crueldad es causa y consecuencia del nihilismo. La avaricia por la violencia refleja la avaricia por las marcas, y se convierte en sí misma en una marca.

La gente también pregunta: ¿qué puede hacerse? Hay un interminable debate sobre las tácticas militares, sobre la ayuda de Estados Unidos a México, sobre la guerra de las drogas, y sobre si los narcóticos deben ser legalizados. Yo respondo: lo anterior es de importancia tangencial. ¿Qué pueden hacer las autoridades? Simple: Ir Detrás del Dinero. Pero no lo harán.

Los cárteles del narco no son pastiches de corporaciones globales, ni son bastardos de la economía global: son pioneros de ésta. Ellos indican, mediante su lógica de negocios y su modo de operar, cómo la economía legal se las arreglará después. Los cárteles mexicanos personificaban al Tratado de Libre Comercio de Norte América mucho antes de que éste fuera imaginado, y ellos prosperan mejor que éste.

La carnicería de México pertenece a la era del gobierno de los bancos multinacionales –bancos que, de acuerdo con Antonio Maria Costa, el anterior jefe de la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas, se han mantenido por años a flote lavando el dinero de las ganancias de las drogas y el crimen. Los jefes de los cárteles y los delincuentes no pueden andar viajando en camionetas llenas de dinero. Tienen que guardarlo en el banco –y los políticos podrían regular este río de dinero, así como lo han hecho con acciones contra los fondos del terrorismo. Pero ellos deciden no hacerlo por razones obvias: las magnates del capitalismo y sus colaboradores políticos dependen de este dinero al mismo tiempo que se quejan de los males de las drogas preparadas en el gueto y aspiradas por las narices de los ricos.

La guerra de México es la manera cómo se verá el futuro, pues pertenece no al siglo XIX con sus guerras imperialistas, ni al XX con sus guerras por ideología, raza o religión; sino que pertenece completamente a un presente entregado a la economía global y a un “espíritu de la época” de materialismo frenético, el cual nos negamos a suavizar: es la inevitable guerra del capitalismo vuelto loco. Hace 12 años Cardono y el escritor Charles Bowde escribieron un libro llamado Juárez: El Laboratorio de Nuestro Futuro. Seguramente no se imaginaron cuán premonitorio era ese título. En un libro reciente, Ciudad Asesina, Bowden lo pone de otra manera: “Juárez no es la decadencia del orden social, Juárez es el nuevo orden”.

Fuente


sábado, 24 de diciembre de 2011

C – E

La experiencia individual de la comprensión se pone a prueba en el fenómeno colectivo de la explicación. Son dos lenguajes diferentes: por eso la verdadera comprensión es la traducción.

La traducción puede tener varias plataformas. A veces es comunicación (material) y otras transmisión (inmaterial, pero sensible). Materialmente, palabras y aliento. Sensiblemente, espacios, miradas y silencios. Si comprendo algo, lo comunico. Si te comprendo, lo transmito.

viernes, 19 de agosto de 2011

Poetas chilenos desde el acto poético

La inquietud sobre las posibilidades de vivificar la poesía y la literatura en general atrajo mi atención hacia la lectura que hace Alejandro Jodorowsky, en su libro Psicomagia, de cinco poetas chilenos del siglo pasado.

A continuación corto y pego fragmentos de lo que dice. Adviértase que se hará por entregas y yendo en contra de la lógica de publicación del blog: nada de que los últimos serán los primeros. 

A manera de introducción:


«Poesía hay en todas partes. Pero la vida poética, en cambio, es un bien más escaso. ¿En cuántos países existe una atmósfera realmente poética? Sin duda, la antigua China era una tierra de poesía. Pero pienso que, en los años cincuenta, en Chile se vivía poéticamente como en ningún otro país del mundo.

La poesía lo impregnaba todo: la enseñanza, la política, la vida cultural… El pueblo mismo vivía inmerso en la poesía. Eso era debido al temperamento propio de los chilenos y más particularmente a a influencia de cinco de nuestros poetas, que se transformaron para mí en una especie de arquetipos. Fueron ellos quienes moldearon mi existencia en un comienzo. El más conocido de ellos era nada menos que…»


¿Quién será? Descúbralo en la próxima entrada (o busque el libro en internet… en estos tiempos ya no hay suspenso).

jueves, 18 de agosto de 2011

1

«…Pablo Neruda, un hombre políticamente muy activo, exuberante, muy prolífico en su escritura y que, sobre todo, vivía como un auténtico poeta.

Vivir como un auténtico poeta es, en primer lugar, no temer, atreverse a dar, tener la audacia de vivir con cierta desmesura. Neruda construyó una casa en forma de castillo, congregando en torno a él a un pueblo entero, fue senador, y casi llegó a ser presidente de la república… Entrego su vida al Partido Comunista, por idealismo, porque deseaba realmente llevar a cabo una revolución social, construir un mundo más justo… Y su poesía marcó a toda la juventud chilena. En Chile, ¡incluso los borrachos en plena sesión alcohólica declamaban versos de Neruda! Su poesía era recitada tanto en los colegios como en la calle. Todo el mundo quería ser poeta, como él. ¡No hablo sólo de los estudiantes, sino de obreros e incluso borrachos que hablaban en verso! Supo captar en sus versos todo el ambiente loco del país.



Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notorio con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.*





Aparte de Neruda, que gozaba de fama mundial, otros cuatro poetas fueron de importancia capital…»


* Jodorowsky cita en su libro ese fragmento, el cual es parte del poema titulado «Walking around» que pueden encontrar en: Pablo Neruda Antología general, Alfaguara, Lima, 2010, p. 130-132.

2

«Vicente Huidobro provenía de un medio acomodado, en todo caso, menos humilde que el de Neruda[…] recibió una eduación artística muy profunda, por lo que su poesía, de una gran belleza formal, impregnó de elegancia a todo el país. Soñábamos todos con Europa, con la cultura… Huidobro nos dió una gran lección de estética.

El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia. Hay en su garganta un incendio inextinguible*.

Había también una mujer…».



3

[…] Gabriela Mistral. Su apariencia era la de una dama seca, austera, muy alejada de la poesía sensual. Ella enseñaba en las escuelas populares, y esta pequeña institutriz llegó a transformarse para nosotros en un símbolo de paz. Nos enseñó la exigencia moral respecto del dolor del mundo. Gabriela Mistral era para los chilenos una especie de gurú, muy mística, una figura de madre universal. Ella hablaba de Dios pero daba fe de un rigor tal… Escucha estos fragmentos de su «Oración de la Maestra» (la maestra en cuestión era, naturalmente, la institutriz):

¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra… Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren… Hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida… Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana… Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia.*

*Fragmentos de «La oración de la maestra». 

El cuarto se llamaba…

lunes, 1 de agosto de 2011

Actualización del tópico

aurea mediocritas
[tópico literario]
experiencia de la vida moderada • el deseado y elegido punto medio • ni mucho ni poco


No es lo mismo la dorada mediocridad…

Vivir quiero conmigo,
Gozar quiero del bien que debo al Cielo,
A solas, sin testigo,
Libre de amor, de celo,
De odio, de esperanzas, de recelo.

(Fray Luis de León, «Oda a la vida retirada»)

  
… que 500 años después.

Alegría y tristeza es lo mismo
Para mí que no me interesa sentir
Porque en el ángulo de la vida
Yo he decidido ser la bisectriz.

(El Cuarteto de Nos, «Así soy yo»)


viernes, 22 de julio de 2011

De cartas de relación a 140 caractéres

Las bitácoras públicas son una plataforma para la publicación libre de información en Internet. Blogger y WordPress son ejemplos de estas bitácoras. Twitter también lo es. El número de usuarios de este microblog a nivel mundial se lleva por mucho a las cuentas de blogs que se mantienen actualizadas.

¿Por qué es así? ¿Qué ofrece Twitter como medio que comunicación? Algunos dirán que Twitter es reflejo de la actual vida elusiva, de una modernidad líquida, como la llama Zygmunt Bauman, en la que el discurso no se compromete con nada porque nada es seguro. Otros dirán que el discurso que se construye en Twitter está muy limitado por su brevedad.

A las dos razones anteriores se les puede encontrar su contraparte. Lo que Twitter refleja no es la falta de compromiso, sino un modo distinto de éste. Esta plataforma es la mejor muestra del paso de un movimiento social con grupos ideológicos marcados a un movimiento histórico de reacciones individuales contingentes. Por otro lado, si hacemos caso de eso de que «lo que es corto y bueno es doblemente bueno», resulta que el discurso breve de Twitter vale más que largas y tediosas entradas de un blog que nadie lee.

Por mi parte, no he podido encontrar el lado de Twitter que engancha a muchos a seguir y ser seguidos. ¿Tendrá algo que ver con la profesión con la que uno carga? Por ejemplo, ¿qué tan bien se lleva la literatura con la cultura Web 2.0? ¿Qué posibilidades discursivas ofrece o quita una plataforma como Twitter en oposición a Blogger? Solamente en la práctica podemos contestar a eso (es decir, experimentando y conociendo estas plataformas. Un par de recomendaciones: Generación Y y Jodorowsky).

Aún así, siempre es interesante pensar qué haría, por ejemplo, un artista dadaísta con una cuenta de Twitter o de Flickr, o cuántas crónicas publicaría José Martí desde su blog.

Finalmente, recordando la entrada anterior, ¿qué tanto podemos escribir en alta voz en las plataformas virtuales?

domingo, 10 de julio de 2011

Escribir en alta voz 0

«La escritura en alta voz pertenece al geno-texto, a la significancia, es sostenida no por las inflexiones gramáticas, las entonaciones malignas, los acentos complacientes, sino por el tono de la voz que es un mixto erótico de timbre y de lenguaje y que como la dicción puede también ser la materia de un arte: el arte de conducir el cuerpo (de allí proviene su importancia en los teatros de Extremo Oriente). Considerando los sonidos de la lengua, la escritura en alta voz no es fonológica sino fonética, su objetivo no es la claridad de los mensajes, el teatro de las emociones, lo que busca (en una perspectiva de goce) son los incidentes pulsionales, el lenguaje tapizado de piel, un texto donde se pudiese escuchar el tono de la garganta, la oxidación de las consonantes, la voluptuosidad de las vocales, toda una estereofonía de la carne profunda: la articulación del cuerpo, de la lengua, no la del sentido, la del lenguaje. Un cierto arte de la melodía puede dar idea de esta escritura vocal, pero como la melodía está muerta es tal vez en el cine donde pueda encontrársela con mayor facilidad. En efecto, es suficiente que el cine tome de muy cerca el sonido de la palabra (en suma es la definición generalizada del "tono" de la escritura) y haga escuchar en su materialidad, en su sensualidad, la respiración, la aspereza, la pulpa de los labios, toda una presencia de rostro humano (que la voz, que la escritura sean frescas, livianas, lubrificadas, finamente granuladas y vibrantes como el hocico de un animal) para que logre desplazar el significado muy lejos y meter, por decirlo así, el cuerpo anónimo del actor en mi oreja: allí rechina, chirria, acaricia, raspa, corta: goza».

(Roland Barthes, El placer del texto, Siglo XXI, México, 2009).


¿SERá LA ESCRITURA EN ALTA VOZ 
UN CAMINO HACIA 
LA LITERATURA COMO UN GESTO VITAL 
MáS QUE COMO UNA ACTIVIDAD RESTRINGIDA?



miércoles, 6 de julio de 2011

Sobre los jardines

"Mirar una mancha obscura y difusa y poder decir: 
'Ahí está mi cara; lo que tenga luz no me pertenece' ".
José Saramago

Jardines me cantan la gula
sin hora. Sin hora, la rima
me alumbra. Nocturno pronombre
me aflora: mi mina me mima.

Jardines de tétricas uñas:
la flora demora y decora
la voz del calor que retumba
do brotan pimpollos de aurora.
 

Escribir en alta voz 2

*

Hay una voz que se parece al roce del viento con la rama más alta, del más alto árbol, del más cercano al cielo. Esa voz es azul. ¿Por qué? Solamente para que combine con tus ojos verdes. Escucho y miro, aunque puedo escuchar sin mirar. Jamás el sonido encontró mayor correspondencia con su progenitor. Tu voz tiene tu estatura, tus gestos y el roce de tus manos. También tiene tus pasos, tu infancia y la curva melódica de tu sonrisa. Tu voz adormece los sentidos para despertar la conciencia. Los adormece con el consuelo de la belleza intangible; la despierta con la emoción de la idea expresable.

*